¿Por qué no un sistema de acreditación de competencias profesionales más fácil, más accesible y universal?

Los cambios sociales, políticos, económicos y tecnológicos siempre han ido más rápido que las correspondientes adaptaciones legales o institucionales. Este fenómeno, hasta cierto punto difícil de evitar al cien por cien, es causa de conflictos en los que muchas personas, dependiendo del tiempo que tarde la mencionada adaptación, acaban sufriendo sus consecuencias.

Solo la capacidad de anticipación de los dirigentes políticos, económicos y sociales puede atenuar el daño que producen estos cambios. La anticipación, entendida en su sentido etimológico, como voluntad de aprehender el futuro, requiere liderazgo y, como sabemos, el liderazgo necesita del desarrollo de una visión.

Sin embargo, ni la anticipación, ni el liderazgo, ni una visión de futuro abundan hoy día entre nuestras élites. Muy al contrario, vivimos en la más absoluta miopía, que resulta de cuidar solo de los intereses particulares normalmente cortoplacistas de cada uno de los que participan en los procesos de decisión normativos.

En el campo de la tecnología abundan más estas actitudes anticipatorias, normalmente de la mano de emprendedores visionarios con buen acceso a fuentes de financiación.

Mañana 21 de junio un grupo de pymes, con el ánimo de influir sobre nuestro futuro industrial, se reunirán en Granada para hablar de manera humilde pero ambiciosa sobre varios temas, algunos de los cuales atenazan el desarrollo del sector. Concretamente, una de las mesas de trabajo tratará sobre la acreditación de las competencias profesionales, un sistema que no está respondiendo del todo bien a las necesidades del mercado de trabajo.

Ya hemos comentado en otro artículo algunos casos reales, consecuencia de la falta de adaptación de las normas a la realidad. Además de criticar la “caducidad” forzosa de competencias profesionales adquiridas hace más de 10 años, otro de los problemas que mencionamos son los costes de desplazamiento y de estancia que implican los procedimientos de acreditación.

A pesar de que la norma de rango superior en materia de reconocimiento de las competencias profesionales adquiridas por experiencia laboral permite entrevistas a candidatos a través de medios telemáticos, en la práctica las comunidades autónomas no llegan a recoger de forma expresa esta posibilidad.

Con un sistema de acreditación moderno que aproveche las tecnologías de comunicación, como las videoconferencias, se podrían acreditar competencias profesionales de personas independientemente de su ubicación.

Salvo que requiera la demostración física de ciertas habilidades, las entrevistas mediante videoconferencias son perfectamente válidas al menos en la llamada fase de asesoramiento. Obligar a realizar una entrevista presencial, en la mayor parte de los casos carece de sentido, genera unos costes innecesarios y, lo que es peor, puede suponer un barrera al mercado de trabajo de una persona perfectamente competente.

Por otro lado, es necesario que los sistemas de acreditación no solo funcionen a nivel autonómico, sino también a nivel nacional e internacional. Imaginemos por un momento cómo trabajadores que se ven forzados a migrar podrían conectarse desde su país de origen a un sistema potente de acreditación que le permitiera realizar un test, como el que ya existe en Alemania, y optar a un procedimiento de acreditación.

Un sistema de acreditación internacional sería una buena forma de que muchas personas, en lugar de jugarse la vida mediante la utilización de vías de inmigración ilegal, pudieran acceder de manera ordenada a un trabajo digno. A todas luces, es necesaria la colaboración institucional entre países para realizar acciones de coordinación básicas en las que todos puedan salir ganando, porque en unas sociedades, miles de puestos de trabajo se quedan vacantes por falta de personal, y en otras por el contrario les sobra la mano de obra por falta de actividad económica suficiente.

Sabemos que las ineficiencias de los mercados de trabajo tienen muchas variables y las soluciones son complejas. Sin embargo, parece claro que con inversiones en un sistema moderno de acreditación profesional bien coordinado, a nivel nacional e incluso internacional, saldríamos todos ganando.

Lejos de la realidad parcelada de los países desarrollados contra cuyas fronteras se estrellan miles de vidas a diario, medidas de este tipo que tienen un coste asequible, gracias al uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, se ayudarían a crear sociedades mejores, más eficientes y justas.