
En este artículo, quiero exponer la motivación y cuatro razones para la creación de este innovador método, que, a nuestro juicio, supone una evolución en la gestión de las organizaciones y en la manera de enseñarla. Una evolución que pronto tomará forma de libro y que ya se aplica en el Programa Compass de Dirección, cuya nueva edición arranca el 26 de marzo en Madrid.
La motivación es puramente personal. El método Compass responde a una vocación que tengo desde muy joven hacia la gestión de las relaciones sociales. Inicialmente, mi interés se centró en las instituciones políticas y los organismos públicos, pero pronto me dediqué al emprendimiento y a la gestión de la empresa privada. Con algunos fracasos empresariales y un aprendizaje disperso hasta que me matriculé en un programa de dirección formal, siempre he buscado la mejor manera de gestionar, no únicamente como herramienta de rentabilidad, sino con el fin último de mejorar la sociedad.
El método Compass es el resultado de esa búsqueda a través de múltiples lecturas académicas, años de experiencias prácticas en dirección de empresas, pero sobre todo es el resultado de más de una década de enseñar a gestionar. Porque, parafraseando a Séneca, la mejor forma de aprender es enseñando.
Y aquí viene la primera razón por la que existe el método Compass. La gestión organizacional es un proceso continuo de toma de decisiones que debe fluir de la mejor manera posible. Hoy en día, la gestión no es una función específica ni limitada a un equipo de directivos de una empresa. La gestión se decide mediante muchas pequeñas actuaciones en las que suele participar todo el equipo. Pequeñas, pero más relevantes cuanto más cerca están de quienes reciben sus consecuencias.
El proceso continuo debe reflejarse en la estructura de los programas de dirección. Por el contrario, el modelo clásico tiende a dividirlo en asignaturas bien definidas de manera explícita (estrategia, marketing, operaciones, finanzas…) o bien nombradas con el propósito de cada una (visión y liderazgo, conectar con clientes, excelencia de procesos…). Al final, existe una estructura de departamentos que estudian e investigan en el ámbito de cada disciplina.
El método Compass rompe esas divisiones y, a partir de las siete letras que componen el acrónimo, aborda los elementos clave de una gestión excelente:
- Cultura: comprensión de las dinámicas culturales que impulsan las organizaciones y las sociedades en las que trabajamos. La cultura de la seguridad, la salud y el bienestar tiene un apartado propio.
- Objetivos: definición de objetivos a largo plazo y vinculación con los objetivos de cada proyecto concreto.
- Mapa dinámico: inmersión en la realidad que nos rodea y anticipación de los cambios tanto en el entorno global como en el local.
- Posicionamiento y propuesta de valor: elección de un camino coherente, no necesariamente el más fácil de construir, hasta alcanzar un posicionamiento defendible y valioso para quienes lo viven.
- Actividades, procesos y tareas: selección de actividades, diseño del flujo de procesos, protagonismo de las personas y apoyo de las máquinas en su ejecución.
- Serie de Interacciones 360º: comprensión de las necesidades humanas y gestión, con empatía, de las expectativas que surgen de las pequeñas interacciones que, acumuladas, generan experiencias integrales.
- Seguimiento: cierre del ciclo, medición, aprendizaje y consolidación de mejoras para repetir lo que funciona y corregir lo que no.
El método es una arquitectura conceptual que permite a los equipos de trabajo retener con mayor facilidad la esencia de un proceso de gestión.
La segunda razón por la que surge el método Compass es para aportar enfoques renovados que se expresen en un lenguaje sencillo pero cargado de significados, algunos nuevos y muchos de ellos rescatados de la buena tradición mercantil de nuestras economías, del buen hacer de compañías de toda la vida.
Con base en más de diez años de experiencia impartiendo programas de dirección de compañías, hemos aprendido que, para favorecer la transmisión de conocimientos, debemos reducir el ruido terminológico. El exceso de anglicismos heredados de entidades y autores del «management» constituye una jerga poco familiar para la mayoría de las personas no anglófonas. Ayudamos a democratizar los conocimientos de gestión y a evolucionar los métodos de gestión adaptados a la cultura de cada lugar.
El objetivo último de este método integral es reducir las fricciones, aumentar la confianza y construir organizaciones armónicas a través de la empatía y del trabajo bien hecho. Para conseguir este objetivo, la comprensión de los grupos de interés es clave, y esta es la tercera razón de por qué el método Compass.
Tradicionalmente, el enfoque ha estado en el cliente y en el accionista. Más recientemente, el empleado ha cobrado importancia y las empresas dedican tiempo y recursos a estudiar sus necesidades y expectativas, así como a trabajar cada interacción. Las organizaciones armónicas deben tener presentes no solo estos tres grupos de interés, sino también a todos los afectados por sus decisiones.
El método Compass introduce esta visión de 360° que será la nueva forma de gestionar organizaciones en el siglo XXI. También aporta herramientas, como el Marco de la Excelencia, que ayuda a integrar en el diseño de los procesos y en la ejecución de tareas los elementos clave de la gestión.
Considera a la Naturaleza como un grupo de interés, en tanto que los seres vivos que la componen también se ven afectados por las decisiones adoptadas por las organizaciones. Lejos de ser un añadido simbólico, esta perspectiva se traduce en algo concreto: la Serie de Interacciones 360º analiza las interacciones específicas que nuestros procesos mantienen con la Naturaleza.
La cuarta razón del método Compass surge precisamente de este contexto: hoy, más que nunca, necesitamos conectar la gestión de las organizaciones con nuestro entorno. Un entorno hostil, en el que todo se vuelve frágil, nos obliga a construir organizaciones más sólidas que aprovechen la propia vulnerabilidad del sistema.
Sin embargo, los equipos de gestión se encuentran sin armas para enfrentarse a este entorno cambiante, marcado por lo que Marie-Hélène Caillol denomina «guerra sistémica permanente». Esta incertidumbre no debe generar angustia; tan solo situarnos en una posición de «alerta positiva» y anticipar sin miedo, con rigor. Anticipar implica liderar y, cuando anticipamos y lideramos, nos elevamos por encima de las circunstancias que nos rodean, hasta integrarlas como parte de las reglas del juego.
Estas son cuatro de las razones por las que he creado el método Compass, que ha sido posible gracias a los cientos de alumnos que, durante los últimos veinte años, me han ayudado a confrontar los conocimientos con la realidad de sus empresas. También con la combinación de la sabiduría del equipo docente y la mirada nueva de los jóvenes con los que tengo la suerte de trabajar día a día en Docensas.
En las próximas semanas, parte de este recorrido tomará forma de libro, un intento de poner por escrito lo que tantas conversaciones, errores y aciertos han ido destilando. Y para quienes prefieren el aprendizaje en compañía, el Programa Compass de Dirección abre una nueva edición el próximo 26 de marzo en Madrid, con el mismo espíritu con el que nació: aprender gestionando y gestionar aprendiendo.



