
En julio de 2018 publiqué en mi blog, un artículo titulado KTK, la mayor empresa de ascensores del mundo, en el que analizaba la posibilidad de una fusión entre KONE y ThyssenKrupp Elevator. Aquella operación no llegó a cerrarse entonces, pero la lógica industrial era clara.
En los artículos que siguieron, la historia de ThyssenKrupp fue confirmando, paso a paso, las advertencias que había formulado. En octubre de ese mismo año, Thyssenkrupp: otro ejemplo de deseconomía de escala describía cómo el grupo se veía obligado a escindirse en dos empresas independientes, incapaz de gestionar con coherencia una cartera de negocios sin apenas sinergias. Y en mayo de 2019, Siguiendo la evolución de Thyssenkrupp documentaba el estrepitoso fracaso de la joint-venture con Tata Steel —rechazada por la propia Comisión Europea— y la decisión de sacar a bolsa la división de ascensores, señal de que la desinversión era solo cuestión de tiempo. Ya antes, en 2017, me había preguntado si la apuesta de ThyssenKrupp por el ascensor de levitación magnética era innovación real o posicionamiento sin sustancia.
Ayer, KONE anunció la compra de TK Elevator por 29.400 millones de euros. No es la KTK de 2018 —KONE absorbiendo directamente la rama de ascensores de ThyssenKrupp—, pero es el mismo movimiento tectónico, con ocho años de demora. TK Elevator pasó primero por manos del capital privado —Advent y Cinven la adquirieron en 2020 por alrededor de 17.000 millones— y ahora llega adonde apuntábamos en julio de 2018.
La pregunta no es si la operación se producirá, sino qué hará Europa con ella.
Ahora la decisión la tiene la Comisión Europea
De consumarse con la aprobación regulatoria, la entidad resultante superaría en tamaño a la americana Otis y a la suiza Schindler, convirtiéndose en el mayor fabricante mundial de ascensores y escaleras mecánicas. Hablamos de más de 100.000 empleados en cerca de 100 países y una facturación combinada de aproximadamente 20.500 millones de euros anuales.
Europa tiene una importante tradición industrial en el sector de los ascensores, con el segundo parque de ascensores del mundo y un mercado interno competitivo y dinámico tiene toda la legitimidad para aspirar al liderazgo global.
La Comisión Europea tendrá que pronunciarse. La decisión recae en última instancia sobre Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva con la cartera de Competencia, pero no será ajena a la tensión con otra vicepresidencia ejecutiva, la de Prosperidad y Estrategia Industrial que ocupa Stéphane Séjourné. Una debe velar por la competencia en el mercado y otro impulsa la política industrial europea. En esta operación, ambos deberían confluir, ya que Europa tiene ante sí una doble oportunidad que no debería desaprovechar.
Crear un campeón europeo con vocación global
La industria del ascensor afronta retos tecnológicos de enorme calado en los próximos años, digitalización de la gestión del mantenimiento, integración con sistemas de movilidad urbana inteligente, sostenibilidad energética de instalaciones, accesibilidad universal como exigencia normativa y social. Para afrontar esos retos la masa crítica en inversión, en I+D, en presencia global, aunque no imprescindible, ayuda. Por tanto, Europa necesita este campeón.
El tamaño del mercado europeo y su capacidad de innovación justifica que el líder mundial del sector sea europeo. La Comisión debería autorizar la operación por esta razón, entre otras.
Hacer un sector industrial más diverso y dinámico
La segunda oportunidad tal vez más importante para la salud del ecosistema industrial europeo es cómo se realice la desinversion que muy probablemente exija el regulador.
El sector de ascensores lleva décadas operando bajo una situación de cuasi-oligopolio de facto, al menos en la actividad de instalación de Obra nueva. Cuatro grandes —KONE, TK Elevator, Otis y Schindler— dominan más de la mitad de los mercados en prácticamente todos los países europeos.
Aquí es donde la Comisión Europea puede exigir, como condición para la aprobación, desinversiones inteligentes. Una desinversión mal diseñada puede reforzar precisamente el oligopolio que se pretende corregir. Si las filiales o carteras de ascensores que KONE debe ceder acaban en manos de Schindler u Otis, el mercado queda igual de concentrado, o peor.
Para evitar esto, la condición que debería imponer la Comisión es que las desinversiones se articulen no por Estado, sino ciudad por ciudad, de forma que la redistribución de cuotas de mercado no consolide a los grandes sino que fortalezca a un ecosistema industrial diverso.
¿Quiénes podrían ser esos beneficiarios? Empresas europeas grandes o de tamaño intermedio como Orona, Fain, Schmitt + Sohn, MP, Eninter, Dúplex, Pickerings, Embarba, Stannah, Imem, Jackson, A2A, Aszende, Ilex, Del Bo, Millepiani, entre otras estarían seguramente muy interesadas. Y también una lista amplia de campeones locales, en cada ciudad y cada región, que conocen sus mercados como nadie.
Una desinversión bien diseñada más que un requisito antimonopolio es una medida inteligente de política industrial.
El impacto sobre la cadena de valor independiente
Existe una tercera dimensión que merece análisis propio, y es el impacto sobre la red de proveedores independientes.
El sector elevador europeo descansa sobre un tejido económico denso y diverso de fabricantes de componentes —puertas, cabinas, motores, cuadros de maniobra, cables, elementos de seguridad—, empresas de ingeniería, de formación, distribuidores especializados. Muchos de ellos proveen simultáneamente a KONE, a TK Elevator y a operadores independientes. Son las pymes que hacen que Europa disfrute de un sector dinámico, innovador y competitivo.
Una fusión de esta magnitud tiene el potencial de afectar a esa cadena de dos maneras opuestas. Puede generar economías de escala que beneficien a los proveedores con mayor volumen, pero también reducir el número de clientes relevantes para muchos fabricantes de componentes y alterar las condiciones de negociación en favor del gigante resultante.
El impacto sobre la cadena de valor no debería quedar fuera del análisis de competencia y la Comisión Europea debe examinarla con detenimiento.
La operación KONE-TK Elevadores es un hecho. Lo que no está escrito todavía es si Europa sabrá convertirla en una oportunidad o si la dejará pasar como una mera transacción financiera más.
La Comisión Europea tiene en la mano las tres oportunidades mencionadas: autorizar la creación del campeón europeo, exigir desinversiones que fortalezcan el ecosistema independiente y proteger la cadena de valor que da vida al sector.
Hacerlo bien requiere valentía regulatoria y visión industrial, dos cualidades que Europa necesita demostrar.
(Read in English)




Hola, Jose,
¡Gran artículo! Lo único en lo que no estoy de acuerdo es en que para esto: «afrontar esos retos requiere masa crítica en inversión, en I+D, en presencia global. Por tanto, Europa necesita este campeón.» haga falta fusionarse. Por esa regla de tres, si se fusionan todos, sería mejor para tener esa masa crítica.
En otros sectores, para desarrollar I+D se unen en proyectos comunes que luego aplican en sus empresas. Por eso, creo que no es necesario unirse.
Como dices, el casi-oligopilo es cada vez más oligopolio y cuanto más grandes sean las empresas grandes, más pequeñas serán el resto.
Un abrazo.
DaviD.
Ingeniería SAMAT.
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Estoy de acuerdo, David. Y buena prueba de lo que dices es lo que hacen tantas compañías innovadoras en Europa. De hecho, los ecosistemas industriales independientes puede ser más innovadores. He añadido el matiz, ¡gracias por tu contribución!
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¡Gracias José Maria, muy interesante!
Luca
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